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domingo, 20 de noviembre de 2022

SABER MARCHARSE



El 5 de mayo de 2021 Pablo Iglesias decía adiós a la política. En aquel momento pareció una salida acertada, generosa y honesta. Cuando reconoció que él no sumaba y que movilizaba a lo peor de los que odian la democracia, dio la impresión de que su presentación a las elecciones de Madrid suponía un último servicio, a modo de sacrificio personal, para frenar la sangría de votos de Podemos en particular y dar una posibilidad (remota) de gobierno a las izquierdas. Personalmente, me alegré por él, ya que no he visto una persecución similar a nadie en este país. Creo que nadie tiene que aguantar tanto odio, que eso no va en el sueldo de ningún político y, además, había trabajado desde el gobierno por las clases populares. 

Pablo Iglesias se fue, pero dejó un dedazo. Señaló, sin consultarle, a Yolanda Díaz como su sucesora en el liderazgo del espacio a la izquierda del PSOE. Esta decisión entrañaba una serie de riesgos: el principal lo suponía que Yolanda no era militante de Podemos sino del PCE, por lo que se trata de una política externa al partido principal de la coalición. En Podemos fue Ione Belarra quien asumió el liderazgo, en parte por el injusto desgaste de Irene Montero sometida a una cacería similar a la de Iglesias. 

Pasaron los meses y Pablo Iglesias terminó volviendo a la escena mediática con diversas colaboraciones y un podcast bastante interesante, pero con ciertas dosis de hipocresía de la que más adelante relataré algunos ejemplos. 



En principio parecía una noticia que no tenía por qué ser negativa: aprovechar el capital político y mediático de Iglesias para ganar voz en el espectro mediático. El problema es que el tiempo está evidenciando que la salida de Iglesias de la política fue un paso en falso. La sensación es que Iglesias sigue ejerciendo el liderazgo en su formación, pero ya sin pasar por órganos internos ni tener que dar cuentas de nada. Su voz resuena y queda como la posición oficial del partido, sobre todo por la ausencia de reprimendas desde el supuesto liderazgo del partido. 

Desde su podcast y desde otras colaboraciones, Iglesias se ha convertido en aquello contra lo que irrumpió "El típico izquierdista tristón, aburrido, amargado" como decía en 2015 en relación a Izquierda Unida y a su estrategia de visitar sistemáticamente los medios de comunicación, esos que ya en 2015 eran igual de manipuladores y cloaqueros que en el presente. 

Iglesias marca el ideal de pureza en la organización, dice a todo el mundo lo que tiene que hacer y cómo actuar y se dedica a dar listas negras de los medios a los que se puede ir y a los que no. Asimismo, está dedicado a señalar a periodistas a los que no hace tanto tiempo alababa e incluso invitaba a su podcast. Veáse el caso de Maestre o Vallín. Para Iglesias, cualquier crítica es producto de las cloacas y de traidores que se han confabulado con el enemigo. Precisamente, con esta actitud diluye el significado lo que han sido las cloacas contra Podemos. Ha sido algo real y practicado desde las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, desde la judicatura y desde los medios de comunicación contra Podemos. Por eso,acusar precisamente a los que han denunciado esto de traidores, pierde toda la credibilidad. 

El principal problema de Iglesias está siendo su tono, que le quita cualquier conato de razón. No se puede llamar miserable a Yolanda Díaz (todavía le cuesta atreverse a nombrarla) y, al mismo tiempo, esperar que esto ayude a que Yolanda recapacite y decida incorporar a Podemos en su coalición. Puede llevar razón Pablo Iglesias en que Yolanda los está desplazando, en que lo de Andalucía fue una chapuza; pero ¿en qué ayuda insultar? Pues ha ayudado a una Ayuso de la que se ha quitado el foco mediático tras la histórica manifestación por la Sanidad. 

Pablo Iglesias defendía lavar los trapos sucios de puerta para adentro; sin embargo, no parece haberse aplicado el cuento en el contexto actual. Sus críticas semanales erosionan el espacio de la izquierda. Mientras tanto, desde Podemos callan. 

Uno de los principales problemas, es que toda esta pureza que defiende Pablo Iglesias salta por los aires con ejemplos como el de esta semana. Desde su podcast, no se le ocurrió nada mejor que hacer un programa sobre el Mundial de Catar para criticar la vulneración de Derechos Humanos, los trabajadores muertos y el hecho de ser una Dictadura fanática. Hasta aquí bien, solo que se le "olvidó" mencionar quien está haciendo negocio en España de esto. Nada menos que Jaume Roures, dueño de los derechos televisivos, conseguidos a base de sobornos, que ha comerciado en España y de los que (entre otras cifras) ha obtenido 40 millones de euros de dinero público de Televisión Española por 20 partidos (a 2 millones por partido). ¿Cómo puede alguien dar lecciones de moralidad mientras no denuncia estas cosas? Y no hablemos del cierre de Público en papel y de cómo se dejó en la estacada a los trabajadores. 



Ahora mismo, Pablo Iglesias está restando. Se ha convertido en un agente destructor de cualquier posibilidad de unidad política en la izquierda, moviliza a unos pocos seguidores muy activos que son incapaces de verle ninguna imperfección a su líder; pero eso tiene un techo y está muy bajo. Pablo Iglesias está condenando al espacio de la izquierda a una posición muy marginal, fomentando la división y la voladura de puentes entre los mismos militantes. Atrás quedaron los tiempos en los que defendía un Podemos transversal y visitaba medios de todos los colores, incluso a los fascistas de Intereconomía.
Asimismo, le está haciendo un flaco favor a Belarra y Montero que debían liderar un nuevo Podemos, más feminista e instrumento para mejorar la vida de la gente desde los Ministerios que ocupa. Su actitud beligerante propicia que el foco mediático se focalice en él y que las Ministras desaparezcan del mismo.  

Podemos tiene varias opciones. Una de ellas sería la de distanciarse de Pablo Iglesias. Basta con que salga Belarra a decir que Iglesias se representa a sí mismo y que quién habla por el partido es ella o en quien delegue. Otra opción pasa por ir a la guerra con Yolanda Díaz. En cualquier caso, esa guerra habría que declararla desde la sede del partido, no desde un podcast del ex-Secretario General. La situación actual es difícilmente sostenible y nos lleva a la irrelevancia política y, con total seguridad, a un gobierno del PP con Vox que amenaza con acabar con la democracia y los derechos que disfrutamos. 
Si Podemos entiende que el acuerdo con Díaz es imposible, no tiene sentido que sigamos igual. Debería anunciarse que Podemos va a concurrir a las elecciones en solitario y que cada uno busque sacar el mejor resultado, pero cejando en los ataques personales y políticos. 
La última opción pasa por intentar el acuerdo con Yolanda Díaz. Por supuesto, Díaz también debe poner de su parte. Creo que es la mejor opción, pero también la más difícil de llevar a cabo. 

Hay demasiado en juego y estamos jugando con fuego. 


martes, 28 de junio de 2016

EL VIRUS SONDEO ATACA DE NUEVO


Resaca de las elecciones y la vida sigue igual. El PP ha vuelto a ganar unas elecciones en España y no ha habido sorpasso de ningún tipo más allá del que nos ha dado Italia en la Eurocopa. 

Unas elecciones que se presentaban con altas expectativas para los partidos del bloque de la izquierda con una fuerte subida de Unidos Podemos que prometía acabar con los efectos de la ley del señor D´Hont que castiga a las pequeñas formaciones por su dispersión en el voto. 

La realidad es que ni se sumó en votos ni se consiguió multiplicar los escaños, por lo que Podemos e IU se han quedado con los mismos 71 diputados con los que partían y con 1,2 millones de votos menos. 
Gente que no se ha visto identificada con la confluencia y a la que tampoco ha ilusionado la perspectiva de hacer el "esfuerzo" de acudir por segunda vez a las urnas en seis meses.



Ninguno de los sondeos, que anunciaban a bombo y platillo la posibilidad de que Unidos Podemos sobrepasara al PSOE e incluso le discutiera al PP el primer puesto, acertó
Habrá que plantearse la cuestión de las encuestas ya que, últimamente, no dan una y solo sirven para confundir a la población y generar expectativas falsas.


resultados del 26J

Pero la verdadera sangría de votos la han sufrido PSOE y Ciudadanos. El primero se ha dejado otros cinco diputados mientras que el partido naranja ha perdido ocho quedándose en 32. Empieza a parecerse a UCD pero sin haber llegado a tener un despegue siquiera antes de su caída. 



La participación ha sido fundamental en estos resultados. Se ha producido un descenso de unos cuatro puntos. A priori, cualquiera podría haber firmado esta participación en unos comicios repetidos pero, según parece, solo ha bajado la participación de los partidos emergentes mientras que la militancia del PP ha acudido en procesión a votar fustigados por el látigo de la doctrina del miedo. 

Partidos como Ciudadanos o el propio PP han empleado el miedo como estrategia electoral para movilizar a su electorado. El PP lo ha hecho muy bien porque ha transmitido ese mensaje apocalíptico combinado con su llamamiento al "voto útil" por lo que, con su viaje a Venezuela, Albert Rivera comenzó a cavar su propia tumba. 




En cuanto al PSOE, parece ser que están satisfechos con empeorar su peor resultado de toda su historia. Enfocó la campaña en atacar a Podemos mientras los primeros le tendían la mano; decisión estratégica la de Podemos para aislar a su contendiente y retratarlo de cara a su electorado. El PSOE se equivocó ya que no planteó una campaña de propuestas y de generar ilusión sino de, únicamente, culpabilizar a Podemos de no adherirse a un pacto que no suprimía la LOMCE, la ley mordaza y la reforma laboral. 



Los resultados siendo muy malos parecen dejarles satisfechos con mantener el segundo puesto. Y eso que han sufrido el sorpasso del PP en Andalucía lo que supone un fracaso personal de Susana Díaz y un rechazo a su ambición desmedida y ninguneo al propio líder del PSOE. 
Aun así se han mantenido por el clientelismo político de algunos territorios y el caciquismo en zonas rurales de este país. 

La corrupción merece una reflexión aparte. Resulta una obviedad señalar que en España no solo no se ha castigado la corrupción sino que incluso se ha premiado al partido más corrupto de este país. Un partido imputado, con la obligación de depositar una fianza para no ser embargado, que destruye pruebas y con un ministro de interior que emplea las instituciones para perseguir a sus rivales políticos cual Richard Nixon no ha visto afectado su target de votantes, todo lo contrario. De hecho, ha dado la impresión de que con un par de escándalos más hubieran conseguido la mayoría absoluta. 




Ahora se abre un escenario de pactos como el que ya vimos tras el 20D. Parece claro que el PP lo tiene más sencillo para formar gobierno y ya hay fórmulas que suman con el PNV. Incluso parece que el PSOE pudiera facilitar el gobierno de Rajoy. 
Una opción sería la reedición del pacto PSOE-Ciudadanos, ahora sí apoyado por Podemos ante la perspectiva de otro gobierno del PP. Hay que decir que los electores de PSOE y Ciudadanos han manifestado en las urnas que ese pacto no ha sido de su agrado.
Una tercera opción sería el pacto del PSOE con Podemos (solo suman cinco escaños menos) con el apoyo de partidos nacionalistas a cambio solamente de evitar a Rajoy en el poder. Esta última opción es fantasiosa toda vez que a los partidos nacionalistas los alimentan de votos el Partido Popular.


celebración del PP
En cualquier caso, debemos de plantearnos qué ha sucedido para que en nuestro país no se castigue la corrupción. Desde la educación hasta los medios de comunicación han contribuido a amoldar a la población en una serie de valores centrados en el egoísmo, la competitividad, el individualismo y la insolidaridad. Sobre esa base, una campaña en el miedo ha funcionado muy bien. El más vale malo conocido....
¿Os acordáis de cuándo no comprendíamos por qué los italianos seguían votando a Berlusconi?


"En España el mérito no se premia. Se premia el robar y el ser sinvergüenza. En España se premia todo lo malo"

"Luces de Bohemia"; Ramón del Valle-Inclán (1869-1936)

martes, 22 de diciembre de 2015

LA NOCHE DEL SÍ, PERO NO




Así es como titulo lo que fue una jornada electoral en la que no ganó nadie y tampoco perdió nadie. España decidía entre lo viejo y lo nuevo y...parece que, al final, no nos decidimos.

Parece como los típicos triángulos amorosos de las películas de Hollywood en los que un chico/a está entre dos chicas/os y no se decide porque le gustan ambas personas y en el fondo le gustaría tener a ambas. Pues eso nos pasa, nadamos y queremos guardar la ropa. 

fuente: elpaís.com


Por supuesto, a estas alturas ya hemos asistido a una alta variedad de análisis de la cuestión.
Intentaré no repetir en exceso las ideas que se han ido vertiendo a través de los distintos medios y de las asociaciones nacionales de opinión. Algunas de gran prestigio, como la Asociación Nacional de Cuñados (como dirían por twitter).

Una de las principales cuestiones que se dirimía era la del fin del bipartidismo. Y estamos de nuevo con el sí pero no.
Por una parte, con los resultados actuales vemos que hay 4 fuerzas con opciones reales (aunque Ciudadanos se ha descolgado un poco) de gobernar este país algún día y eso no es moco de pavo. Parecía impensable hace un año y medio esta situación pero hoy podemos decir sin miedo a equivocarnos que tarde o temprano gobernará este país un partido que no sea ni PP ni PSOE.
Por otra parte, a pesar del tortazo, PP y PSOE siguen teniendo el 50% de los votos de este país y pueden conformar un gobierno entre ellos. Es decir, desde las elecciones europeas no ha retrocedido el bipartidismo. Está muy claro que los poderes económicos han hecho su trabajo a través de diversas campañas mediáticas y sociales y han conseguido diluir el efecto de las formaciones emergentes como Podemos. 

Ahora bien, es muy complicado esperar que los cambios se produzcan de la noche a la mañana ni de un año para otro. Este país lleva comiendo casi cuarenta años lo mismo y no podemos esperar que esto pueda variar de golpe. 
En mi opinión, Ciudadanos no solo no representaba la posibilidad de un cambio real sino que se trataba de una reacción de la oligarquía financiera para frenar las altísimas expectativas de Podemos. Dejo que lo diga el presidente del Banco Sabadell: 


No podemos obviar una serie de cuestiones sociales como las redes clientelares que los grandes partidos han ido tejiendo a lo largo de estos últimos treinta años. Especialmente acentuadas en comunidades como Andalucía, imposibilitan, socialmente, un cambio de forma inmediata. Y aun así vemos como el bipartidismo retrocede, aunque menos.
En las zonas urbanas se cumple la tradición y demuestran mayor aperturismo. Ahí tenemos la provincia de Barcelona que ha dado el triunfo a En Comú Podem, Madrid o Valencia (con todas las reservas que demuestra que en estas últimas haya ganado el PP). En las provincias más ruralizadas como la España interior o la Andalucía interior cuesta bastante más aunque también se muestra movimiento.



Todo esto no hace sino acrecentar el mérito de haber sacado 69 diputados por parte de Podemos a unas primeras elecciones. Podría haber sido mucho mejor si no se hubiera incurrido en una serie de errores de bulto y grandes vicios en este tiempo. Eso sí, la campaña electoral ha sido magnifica desde el punto de vista nacional y quedará para los anales la actuación del candidato de Podemos en los distintos debates. 

Tampoco debemos de mirar a otro lado cuando vemos los resultados del PP y comprobamos que están en torno al 28%. Esto denota que nos falta mucho para tener una sociedad democráticamente sana. No me parece mal que se vote a un partido de derechas, que pueda defender la privatización de servicios y los recortes. Lo que me parece preocupante es que se vote a un partido que ha elegido la corrupción su modo de vida y que, encima, han salido imputados elegidos para el congreso.
Esto no se arregla en cuatro años, se arregla con educación en valores democráticos y con mucha voluntad. 
Y, repito, me da igual que el partido sea de izquierdas o derechas; lo mismo puedo decir del PSOE en Andalucía.


Lo que está claro es que más de 7 millones de personas han elegido a un partido que ha robado a los españoles y piensa seguir haciéndolo. Cada uno es responsable de su voto pero si te engañan una vez es culpa de ellos, si los vuelves a votar entonces la culpa será tuya. Cuando salte el siguiente escándalo, que nadie se sorprenda. 
Y no vale la excusa de que todos son iguales. Cuando roben los otros ya se podrá decir, mientras tanto esos siete millones de personas han votado a un partido corrupto.

No voy a profundizar en los resultados del resto de partidos. Creo que nadie ha perdido. El PSOE ha salvado los muebles y mantiene la segunda posición en votos (por muy poco) y en escaños; Ciudadanos ha sido víctima de sus expectativas y su ambigüedad deliberada respecto a apoyar al PP y Podemos ha obtenido un resultado producto de una campaña magnifica tras empezar muy desinflado en las encuestas. 



Quiero entrar un poco en la Ley D´Hont y en la circunscripción provincial. Es una vergüenza que a Izquierda Unida le cueste casi 500.000 votos sacar un diputado y a PNV o PP apenas 50.000 votos. 
Está claro que el sistema beneficia a los grandes partidos y a los nacionalistas que concentran el voto pero ya clama al cielo que esto pase y urge un cambio en la ley electoral y en la circunscipción (algo que acabaría con el problema de los cuneros) ya que, al fin y al cabo, no se representa en el Congreso a la provincia sino al partido que impone una disciplina de voto.


Salen del parlamento fuerzas como UPyD que, en su momento, trajeron ciertos aires nuevos y ha sido absorvido por el tsunami del IBEX que es Ciudadanos. 
No puedo obviar el gran resultado de PACMA que ha obtenido más votos que UPyD, ojalá que esto sirva para que las reivindicaciones en favor de los derechos de los animales vayan entrando en la agenda política ya que están en la agenda social.

Para terminar, los españoles han votado diálogo. Se abre un tiempo en el que los acuerdos puntuales pueden y deben ser el pan nuestro de cada día. Las formaciones tendrán que aprender a hablar y escuchar al resto. Esto será bueno a largo plazo y nos ayudará a mejorar nuestra calidad democrática. 
Quizás necesiten otras elecciones en un par de meses para darse cuenta pero tarde o temprano no les quedará otra.


martes, 8 de diciembre de 2015

7D: EL TSUNAMI DE LA NUEVA POLÍTICA
























ACTUALIZADO: Puedes ver el debate íntegro pinchando en este enlace.

ACTUALIZADO: !Ya tenemos datos de audiencia del debate¡ No han defraudado. Lo más visto del año con 9,2 millones de espectadores y un 48% de share que vienen a confirmar el interés por la política de la ciudadanía y sus deseos de debates abiertos y sin corsés. 

Se acabó el debate y es tiempo de balances. 

Una primera lectura es la importancia en la celebración de estos debates y en que esto no debe tener vuelta atrás.
También esperemos que sea la última vez que un candidato no se atreve a debatir junto al resto de candidatos. Este hecho demuestra que nuestra democracia no está madura aún; a pesar de los avances fruto de esta crisis que despertó muchas conciencias y del 15M, producto de dicha crisis y que ha contribuido a llevar el interés por la política a muchos hogares en los que se percibía como algo alejado de las personas cuando nos afecta tanto en nuestra vida diaria y que, en mi opinión, inunda todos los aspectos de la vida de las personas. 

Lo primero reseñable, como ya he señalado, es la ausencia del candidato del Partido Popular, Mariano Rajoy. Esto ya ocurrío hace siete días en el debate que organizó ElPaís. La diferencia aquí, es que la cadena de televisión se ha plegado a las exigencias del Partido Popular y ha tenido que "tragar" con la designación de Soraya Sáenz de Santamaría.
Es una forma de ir y no ir. Han debido estimar que la presencia de Rajoy podía hacer peligrar muchos votos, esto dice por si sólo la fe que le tienen a su candidato, y han estimado mejor dejar al candidato para comentar el fútbol o acudir a entrevistas del corte de la que mantuvo con Bertín Osborne. Por mucho que intenten argumentar que son un equipo no cuela, se confirma como lo viejo y el principal enemigo del cambio en el fondo y en las formas de la política nacional. 
Unos no quieren ir y a otros no les invitan... (IU y UPyD).

Sobre el debate, hay que mencionar que se ha tratado de un debate bastante ágil, menos encorsetado de lo acostumbrado y de guante blanco. Sí, no ha habido grandes momentos de enfrentamientos más allá de la corrupción donde se ha percibido un tanto de tensión.

Otra de las cuestiones es que no me ha parecido que ninguno de los cuatro candidatos transmitiera excesiva frescura salvo momentos ciertamente brillantes de Pablo Iglesias como la intervención final que va a quedar para el recuerdo.
Ha faltado un poco de frescura porque me da la sensación de que todos los partidos llevan un año en campaña. La irrupción de la nueva política en sus dos extremos, Podemos y Ciudadanos, ha forzado a todos los partidos a adelantar propuestas, discursos y coletillas que llevan tiempo repitiéndose.

Del debate podemos destacar el bloque de corrupción que ha propiciado momentos intensos. Es una de las principales causas de la ausencia de Mariano Rajoy. Con Soraya han alejado y mitigado un pelín los tiros y han frenado ligeramente el golpe pero es el principal talón de Aquiles de un partido que ha hecho barbaridades a sus ciudadanos. Podemos ha vuelto a sacar el tema de las puertas giratorias tan mal resuelto por los dos grandes partidos.



También podemos destacar el tema de Cataluña donde existe un gran acuerdo entre los tres partidos de centro (PSOE, PP y C´s) y dónde solo Podemos propone una medida tan democrática como una consulta popular que ahora mismo todos los partidos temen por un hipotético resultado contrario que, yo pienso, quedaría muy mitigado por la posible consulta del referéndum.

Otras medidas de regeneración que se han propuesto es el cambio en el sistema electoral: Podemos por un sistema más representativo y Ciudadanos por las listas abiertas mientras que los "viejos" se ponen a la defensiva y buscan resguardarse en una ley D´Hont que les ha beneficiado históricamente (y también a los nacionalismos periféricos).

Otro de los temas estrella ha sido la situación por el terrorismo internacional donde solo Pablo Iglesias se ha comprometido a no entrar en intervenciones militares. Son cuestiones, ésta y la de Cataluña donde la posición de Podemos no le va a dar votos, sino lo contrario pero se defiende una postura coherente con su ideología.


Tampoco deberíamos de otro tema estrella como son las pensiones en los que ha quedado palpable que tenemos un gran problema en este país con este asunto. La hucha de las pensiones ha decrecido la mitad en menos de un luestro con el PP y urgen soluciones para estos asuntos. Dejar exentos de cotizar los primeros 500 euros como propone el PP no parece ser la solución a este gran problema que tendrá que buscar solución en un aumento de la natalidad y del empleo juvenil al mismo tiempo que una moderación a la baja en la edad de jubilación como propone Podemos y que podría estimular la bajada del desempleo.

Albert Rivera y Pedro Sánchez han estado bastante flojos para las expectativas que había depositadas en ellos. El primero, visiblemente nervioso, no ha encontrado el tempo en ningún momento y se ha movido con el san benito de ser posible bisagra del PP. El segundo, muy anodino y falto de transmitir emociones ni con propuestas rompedoras. Da la sensación de que es lo de siempre en el PSOE y ni el mismo cree que va a convencer a la gente de que el PSOE es un partido de izquierdas.



Soraya Sáenz ha salvado algún mueble de la huida de su jefe pero no le ha podido salvar la cara ya que el impacto de no acudir al debate es mucho más fuerte que cualquier actuación que ella pudiera desempeñar en su sustitución. A Rajoy le pasaba lo mismo que al Emperador romano Octavio Augusto; que cuando llegaba una batalla se ponía enfermo y se quedaba en la tienda de campaña mientrás sus soldados le sacaban del entuerto. Es una plasmación de lo que ha sido la legislatura, de la alergia al debate y la tendencia a esconderse de nuestro presidente.
Pablo Iglesias ha estado muy bien y casi todos los medios coinciden en darle vencedor del debate, incluso en algunas páginas muy poco sospechosas de ser marxistas-leninistas.







El minuto final de Pablo Iglesias ha marcado las diferencias con el añadido de que, además, ha supuesto el cierre al debate y un broche de oro a su actuación que no ha estado exenta de algunos altibajos (como la referencia al Estatuto de Andalucía como un proceso de independencia).

 
 

Tenemos que quedarnos con la importancia de que se celebren estos debates y de la grandes cantidades de audiencia que mueven. La crisis, es cierto que fue una oportunidad para deslavazar el Estado del Bienestar y para acabar con derechos que tardaron décadas en conquistarse, pero también supuso una oportunidad para que muchas personas tomaran conciencia de la importancia de una vida activa y participativa en la política (de ahí algunas medidas represivas de la oligarquía dirigente). 
Por lo tanto, el 20D es una fecha clave para revertir muchos de estos atropellos y gritar muy alto que la ciudadanía quiere un tiempo nuevo, de política más enfocada a la calle, más transparente y participativa y en la que un presidente no se pueda negar a un debate. Eso, por supuesto, está por encima de Podemos o Ciudadanos pero puede empezar por ahí el cambio. Y, por supuesto, no quedarnos en dejar una papeleta en una urna sino en activarnos durante cuatro años. Nadie dijo que fuera a ser más fácil ni más cómodo...



martes, 1 de diciembre de 2015

DEBATES CON CLAROS GANADORES (Y UN PERDEDOR)



ACTUALIZADO: Ya puedes ver el debate íntegro de ayer. 


Semana de debates la que se ha culminado con el debate entre Pedro Sánchez, Albert Rivera y Pablo Iglesias.

El viernes pudimos asistir a un debate entre los candidatos de los partidos emergentes (Podemos y Ciudadanos) en la Carlos III de Madrid. Solo entre los emergentes porque los "clásicos" PP y PSOE se negaron a asistir a dicho debate y vimos sus atriles simbólicamente vacíos. 




En ambos debates podemos dedicarnos a discutir quién ha ganado y no llegaríamos a un acuerdo. 
Ahora bien, yo me quedo con los perdedores. Los perdedores han sido los candidatos que se han negado a debatir como ya dije en el primer debate de Rivera e Iglesias con Jordi Évole

Tenemos un perdedor, Pedro Sánchez y un gran perdedor, Mariano Rajoy que, cobardemente, se niega una y otra vez a asistir a los debates con partidos emergentes.
Demuestran, desde el PP, que viven en el pasado; que no reconocen el contexto actual y se piensan que el bipartidismo va a perdurar de por vida. Representan la vieja política y han dejado muy claro que no van a cambiar. 
Es una vergüenza que tengamos un Presidente del Gobierno que prefiere dedicar su tiempo a comentar partidos de fútbol que a ejercer un deber tan ineludible como debatir con otros candidatos.
Y es una vergüenza que este señor y su partido lideren las encuestas. Este tipo de cosas serían impensables en otros países europeos como Alemania, Gran Bretaña o Francia. !Pero si hasta Berlusconi daba la cara en los debates¡
Además, desde el punto de vista electoralista,  creo que el no acudir es una derrota mayor que cualquier derrota en un debate propiamente dicho.
Y, por cierto, se dedicó a contraprogramar al debate con una entrevista en Telecinco a la misma hora.

Creo que ambos debates han sido muy positivos; nada encorsetados para lo que estamos acostumbrados, con interrupciones que aportan y con intervención de asistentes. En mi opinión, ya han ganado por asistir; incluso Pedro Sánchez (aunque faltó al viernes).

En cuanto a los debates, vemos como los partidos se han dedicado a enarbolar sus grandes banderas ideológicas. Podemos con las puertas giratorias, Ciudadanos con sus medidas fiscales y el PSOE con ese recordatorio al pasado glorioso de su partido y sus siglas.




Podemos desentrañar algunas de las propuestas:
Ciudadanos sigue con su contrato único y su ambigüedad deliberada. Medidas como estas pueden propiciar una precariedad generalizada según la forma en la que se aplique. Lo mismo podemos añadir de su complemento salarial que puede llevar a incentivar salarios muy bajos por parte de las empresas.
Podemos ha moderado muchísimo el discurso hasta el punto que cada vez se parece más al PSOE. Siguen hablando de medidas fiscales progresivas o de rentas mínimas pero se ha suavizado en extremo en cuestiones decisivas como la Monarquía, la OTAN y también ha tenido que ajustar sus proposiciones iniciales que, bien es cierto, que se llevaron en otra cita electoral como fueron las europeas.
El PSOE sigue con su indefinición en aspectos como la Reforma Laboral (hoy digo y mañana diego) y parece que puede seguir en la línea de ese Socialismo de la Tercera Vía que nos lleva al abandono de las tesis socialdemócratas y la de convertir al PSOE en una máquina neoliberal con políticas sociales relativamente progresistas.
Pero, por supuesto, siempre con el modelo danés para todos.




Por supuesto, no han faltado las alusiones y las acusaciones. Ciudadanos y la extrema derecha; el PSOE y la corrupción; Podemos y Monedero...
Tampoco se han quedado atrás cuestiones, que podríamos llamar históricas, como la necesidad de un pacto común por la educación o el cambio de la Ley Electoral. Me da la sensación de que, a pesar de que todos se han mostrado con predisposición, no disponemos de una buena situación de partida con ninguno de los partidos actuales.
Otra ha sido la lucha contra el fraude. Aquí ya sabemos que todos predican pero hay que verlos a la hora de la verdad. Ciudadanos y Podemos parten con la ventaja de la "virginidad política" (relativa) por lo que cuentan con mayor credibilidad. 




Ahora bien, en general el candidato que más difícil lo tenía era Pedro Sánchez ya que iba a recibir por los dos lados. El voto socialista es muy jugoso para Podemos y Ciudadanos y bastante más voluble que el voto popular que, parece, tiene un suelo en torno al 27% y sus cerca de ocho millones. 
Es duro tener que escribirlo, pero es muy cierto. En España hay unos 13 millones de votos cautivos entre PP y PSOE. Ya pueden coger algunos partidos y saquear el país que va a haber mucha gente que siga votándoles y eso no se arregla en cuatro años. Para eso hace falta una educación basada en valores cívicos y democráticos. Esto bien nos puede llevar una generación de españoles.



Los tres candidatos y el atril vacío del PP

Por último cabe destacar un par de cuestiones. 
Primero, como curiosidad, que a los candidatos se les conminara en su último turno a pedir el voto cuando no está permitido en época de pre-campaña.

Segundo, y más importante, es la ausencia reiterada en estos debates de Izquierda Unida y UPyD. Formaciones que, al margen de que estén en franca decadencia, creo que todavía merecen un respeto por la representación que aún atesoran en el Congreso de los Diputados.

En definitiva, parece que vivimos tiempos de cambio. Vemos debates que antes no se daban aunque deberían considerarse algo normal en un país democrático. Vemos partidos que van a luchar con uñas y dientes contra cualquier cambio a más democracia y transparencia. 
Cierto es que la crisis es una oportunidad. Fue una oportunidad para destruir, para soterrar (en parte) nuestro Estado del Bienestar pero también hubo ocasión de poner los cimientos de una sociedad más democrática, abierta y plural. 
El 20 de diciembre se podrá comprobar cuán profundos son estos cambios.
Entre medias, podremos asistir a más debates como el del lunes 7 (con Soraya Saénz de Santamaría por parte del PP, ya que Rajoy estará muy ocupado con los dieciseisavos de la Copa del Rey o algo por el estilo...) o los que se produzcan bajo el formato encorsetado que tanto gusta a la vieja (pero que muy vieja) política.



Podéis ver los mejores momentos del debate en el siguiente enlace

sábado, 24 de octubre de 2015

NUEVA POLÍTICA VS VIEJA POLÍTICA



La foto que acompaño a esta entrada es bastante definitoria y hace honor al dicho: "más vale una imagen que mil palabras".

Todo esto viene al hilo del debate que mantuvieron Pablo Iglesias y Albert Rivera en la Sexta con Jordi Évole sin reglas ni cortapisas; muy lejos de esos simulacros de debates tan encorsetados y manipulados que, cada lustro, mantienen el PP y el PSOE.

Más que hablar del debate, me gustaría referirme a los códigos y la nueva imagen de estos nuevos partidos que están trayendo el interés de la gente por la política.
Digo interés de la gente por el hecho de que el debate tuviera una audiencia de récord. Más de 5,2 millones de espectadores y un 25,2% suponiendo un récord para el programa y superando a Gran Hermano. Audiencias de Champions que dejan en ridículo a la televisión pública por no ser la que emita este tipo de programas de interés general y por la manipulación que la ha condenado a una posición testimonial en el panorama televisivo nacional.







Ante la cuestión de quién ganó el cara a cara la respuesta es clara: los dos partidos y los ciudadanos. Nos podemos poner a analizar el debate y es cierto que se vio más seguro, suelto y ágil a Rivera a la par de que el programa de Ciudadanos estaba claramente más avanzado y concretado que el de Podemos. Luego, se pueden criticar sus medidas como la del contrato único que puede significar una precariedad generalizada en el sistema laboral, la decisión de excluir a los sin papeles del sistema sanitario, la ambigüedad respecto a la Reforma Laboral y el abaratamiento del despido y en la derogación de la ley mordaza o la ocurrencia de subvencionar a los empresarios que contraten en precario. Medidas todas ellas tendentes a profundizar en la tónica neoliberal actual y que harán salivar a la oligarquía financiera del IBEX 35, a la troika y a Alemania. Medidas que pueden ser muy negativas para el 90% de los ciudadanos de este país. Pero todo ello  fue envuelto en una elegante y efectista retórica y eso es muy importante hoy en día.
Podemos parecía un quiero y no puedo pero recuperó parte de la frescura perdida y es importante destacar la amenaza a los sectores estratégicos oligopolísticos que tanto daño hacen a la ciudadanía mientras Ciudadanos juega a la ambigüedad (en esto no se diferencia C´s de los viejos partidos). No sé puede ser amigo de las eléctricas y de las personas que sufren cortes de luz en invierno y Ciudadanos juega a eso, lo mismo que en temas como la jubilación y la propuesta de Podemos de subir el salario mínimo interprofesional es necesaria en un país condenado a la precariedad laboral.
Pablo Iglesias ve necesario distribuir un poco la riqueza y, a partir de ahí, estás recuperando una clase media necesaria para España. Eso para Ciudadanos es repartir la pobreza; argumento Thatcheriano donde los haya.


Pero, como he señalado, el debate lo ganan los dos. La imagen de alternativa a lo viejo, la comunicación que transmiten es algo, desgraciadamente, rompedor en nuestro país. Eso demuestra que vamos años por detrás en términos de democracia y participación respecto a otros países ya que estos formatos (con sus variaciones múltiples) son algo muy habitual. El pueblo reclama este modelo, reclama otra forma de hacer política, pide que los políticos no se escondan tras una pantalla de plasma y se dediquen a hablar y a escuchar al otro. Lo dicho, no me importa quien ganara el debate; me importa que el domingo pasado el debate lo perdieron los partidos de la casta, los partidos que se esconden en sus sedes y se niegan a debatir.
Quizás consigamos sacar al PSOE de Ferraz; mucho más va a costar que el PP salga de su eterna burbuja y de sus casos de corrupción. 

Al día siguiente ya estaban tachando el debate de "charla de café". Demuestran que no se enteran, solo contemplan modelos precocinados y descafeinados en los que no haya margen a la improvisación; así cualquiera debate. 
No quieren pringarse, no quieren arriesgar, no quieren comunicar. Ese es su problema; sino quieren debatir que no debatan. El resto tiene el deber de hacerlo esté o no esté el PP. 
Al PP le interesa tener a la gente adormecida, drogada por los "sálvames", por el fútbol, por un tv pública que manipula y aburre hasta las ovejas. Dormir al pueblo y que dejen la política en manos de los políticos "profesionales". El debate del domingo demuestra su fracaso y demuestra que hay televisiones privadas que están ejerciendo de televisión pública. 

En definitiva, ojalá que esto no se quede ahí (y dado su éxito albergo esperanzas) y que dé comienzo una nueva era comunicativa entre los partidos políticos y despertemos de una vez del mal sueño del bipartidismo encorsetado y preprogramado.


"Si tienes palabras más fuertes que el silencio, habla. Si no las tienes, entonces guarda silencio" Eurípides.

viernes, 10 de julio de 2015

UN IRRESISTIBLE DESEO DE DERROTA (artículo de Santiago Alba Rico)

En relación al devenir de los últimos acontecimientos entorno a Podemos se han escrito varios artículos. Uno de los que me ha parecido más ilustrativos es el siguiente del que, además, os dejo su enlace si pincháis aquí.

Santiago Alba RicoEnsayista y filósofo
Podemos nació de un impulso mágico en relación con el cual ningún modelo organizativo podía dejar de ser decepcionante o banal. Todos sabemos la oportunidad que franqueó y las muchas cosas buenas que se han obtenido. Pero, empujados por la presión antagonista y por algunos errores comunicativos autolesivos, no sólo ha perdido su frescura sino que ha entrado en un precipicio organizativo “conservador” a veces inquietante, causa y efecto al mismo tiempo de la disfuncionalidad o inhabilitación de los órganos elegidos en Vistalegre, realmente plurales y prometedores pero atrapados en un “juego de tronos” que los ha vuelto inoperantes y a menudo frustrantes y dolorosos para sus propios miembros. Como colofón ahora, a pocos meses de las elecciones más importantes de la historia reciente de España y cuando ganar es menos una oportunidad que un deber político y moral, se convocan unas primarias semicandadas y a la carrera, primarias que, como era de temer, han desembocado en una lista “oficial” introspectiva con muy pocas posibilidades de movilizar gente normal para la campaña y para el voto. No es que los nombres que forman parte de ella no lo merezcan o no sean en algunos casos imprescindibles; es que no es una lista ni abierta ni plural ni de unidad popular; y no contiene ninguno de esos candidatos “de autoridad” que, a tenor del perfil del electorado, podrían marcar la diferencia.
¿Podría ocurrir algo peor que el hecho de que la dirección de Podemos declare su intención de no ganar las elecciones? Sí, que un grupo mixto de izquierdistas líquidos y sólidos se una con el propósito de que Podemos las pierda. En la lista de firmantes del manifiesto de Ahora en Común veo nombres ante los que me inclino con admiración intelectual y afecto personal. Estoy de acuerdo con ellos en su malestar y sé, porque los conozco, que obran con las mejores intenciones y a partir de los más altos principios. Pero con la suma de tantas virtudes —más el oportunismo estratégico de Alberto Garzón e IU, a los que nadie puede reprochar que aprovechen la ocasión— llegamos a un resultado paradójico e inquietante: en vísperas de las elecciones más importantes de la historia de España y cuando ganar es un imperativo moral, la crítica razonable a las primarias y a las listas oficiales propina el último empujón hacia el abismo. ¿Alguien con un mínimo de racionalidad común puede creer que esta iniciativa va a ser capaz de desbordar Podemos, apropiarse sus votantes y sumar todos los que faltan en el exterior para derrotar el bipartidismo? Seguro que muchos de los que participan en Ahora en Común obran a partir de una justificada alarma y se sienten a la altura de sus convicciones y de sus principios, pero la cuestión es más bien si no están por debajo del desafío histórico concreto ante el que nos encontramos. Sólo desde la abstracción más olímpica o desde la concreción más partidista puede ignorarse que, tanto si se trata de practicar la eutanasia a Podemos como de forzar a su dirección a una negociación, con este gesto se entra en una dinámica que, en el mundo concreto en el que vivimos, sólo puede ser perdedora. Perdedora para la gente normal que quiere ganar algo y no todo; perdedora para la gente que prefiere hacer una choza con un poco de paja antes que una majestuosa catedral con una gran derrota.
Es verdad que la gente normal -con la que hablo de Podemos en el pueblo de Castilla donde paso mis vacaciones- se mantiene completamente al margen de este deplorable “juego de tronos”. Pero por desgracia lee periódicos malos y ve malos canales de televisión y asisten a esta pugna en torno a Podemos y lo que entienden les da un poco de repelús. La gente normal, cuyo voto queremos, no identifica a la izquierda con Stalin o con Venezuela; eso les da un poco igual; la identifica con La Vida de Brian, es decir, con las divisiones sectarias, las miserias narcisistas y la incapacidad para ponerse de acuerdo. Eso sí quita votos. La gente no confía en políticos que no son capaces de dejar a un lado sus diferencias y ponerse de acuerdo. Seguimos con nuestros tics de madriguera de vieja izquierda; seguimos queriendo “tener razón” en las catacumbas, olvidando que no estamos en una asamblea cuatrogatuna sino delante de todo el mundo y que  por primera vez en décadas -si no nos lo impedimos a nosotros mismos- podríamos cambiar el país. Podemos hace la lista que menos puede convencer a la gente normal y Ahora en Común hace la oposición que más puede disuadir a la gente normal. Enhorabuena. Pocas veces se habrá visto tan poca altura de miras en una situación más favorable: una dirección tan descargada de razón y una razón crítica tan irresponsable.
La oferta que hacemos a los electores, de los que depende cualquier cambio, es ahora ésta: tenéis que elegir entre los que no quieren ganar y los que quieren perder. El peligro de que un sector de Podemos, con Pablo Iglesias a la cabeza, refundara IU siempre ha existido, pero había que buscar una alternativa que no fuera resucitar a IU. Eso es lo que hace Ahora en común y para nada. Así que en las próximas elecciones, en lugar de confluencias sustractivas o no-confluencias disuasivas, nos vamos a encontrar con el milagro de la multiplicación del cero absoluto: dos Izquierdas Unidas (¡dos!) y no una sola, igualmente membranosas y contraproducentes, que obtendrán -digamos- el 10% y el 5%, con lo que juntas podrán formar ocho o diez grupos parlamentarios desavenidos, de vuelta poco a poco -en espiral contractiva- hacia los alvéolos mohosos de los que nunca deberíamos haber salido.
Es difícil ser de izquierdas; hay que estudiar mucho, leer mucho, debatir mucho. Pero más difícil es ser normal. Lo más difícil de todo, en cualquier caso, es ser de izquierdas y normal. Conozco sólo a tres personas y una está ya en el manicomio. Lo que hay en mí de izquierdista me inclina irresitiblemente hacia el maniobrerismo, el sectarismo, el justicierismo y el alineamiento de principio. Lo que hay en mí de normal (ese hombre normal que quiere votar a Podemos como a un bien pequeño y no a un mal menor) me inclina cada vez más a la misantropía. Entre tanto, ahí fuera, cuanto más llueve menos paraguas hay. Podemos lo ha hecho mal y Ahora en común lo ha hecho peor.  Pero ahora esa es la realidad real y la verdad verdadera con la que hay que contar para dar el próximo paso. Podríamos estar en otro sitio y en mejores condiciones y podemos limitarnos a echarnos la culpa unos a otros y endurecernos en nuestras posiciones. Me guardo mis rimpianti, mis reproches y mis rencores para cuando hayamos perdido o no podamos ganar. Ahora el realismo obliga -en vísperas de las elecciones más importantes de la historia de España y cuando aún es posible cambiar el país- a abordar la situación, de un lado y de otro, como si realmente las dos partes quisieran ganar. Y la gente normal, ahí fuera, existiera.
De aquí a septiembre, en definitiva, Podemos debe reaccionar, abrirse de verdad en todas direcciones, reapropiarse la ilusión de esa voluntad de cambio que ni Ahora en Común -ni ninguna otra fuerza- está en condiciones de capitalizar. Ahora en común es un error, pero también un síntoma. Señala el punto por el que Podemos puede romperse el espinazo. Si eso ocurre, no habrá ya alternativa posible y volveremos todos a frotarnos las patitas, como moscas ensimismadas, en un rinconcito del régimen del 2015, aún más sombrío, injusto y represor que el del 78. Podemos aún puede rectificar y generar ilusión; Ahora en Común aún puede aportar razón de otra manera. La gente normal, en resumen, aún podría ganar si no nos empeñamos en ser “de izquierdas” en un momento en el que sólo se nos reclama un poco de buen oído y un poco de buen juicio.

FIN DEL ARTÍCULO

Del artículo coincido con el fondo, con lo más importante, pero yo añadiría algunos matices.

En primer lugar, el suicidio político de Podemos lo está llevando a cabo la cúpula. Desde la Asamblea de Vistalegre, como bien se indica en el artículo, los desplantes a los orígenes de Podemos, a esa "alma" del 15M han sido continuos y cada vez más flagrantes.

Las primarias de Podemos, en especial las anunciadas para las generales, están "masticaditas" para que salga la lista oficialista. Se ha optado por una circunscripción única y un formato de listas "plancha", es decir la posibilidad de votar a un grupo completo deja sin opción a formar una lista plural en la que todas las voces puedan ser representadas.

La cúpula de Podemos, poco a poco, ha ido avanzando hacia un sistema de un partido comunista tradicional en el que se mantiene una apariencia de cara al exterior de democracia interna pero que, realmente, todo está muy guiado y hay poco o nulo espacio de la disidencia.
Como en el Partido Comunista Soviético habría un "congreso central" que se va reuniendo de una forma muy esporádica, en teoría anual, que sería asimilable a la asamblea. Ese Congreso elegiría un comité Central (aquí Consejo Ciudadano) que elegiría un Politburó (Consejo de Coordinación en Podemos). Asimismo, tenemos el cargo de Secretario General que es el que más manda y que gobierna con su consejo de Coordinación que él mismo propone y un consejo ciudadano elegido en lista plancha sin ninguna pluralidad.

Cierto es que Podemos es un partido donde la crítica interna existe con cierta fluidez pero es algo que la cúpula empieza a tender a apagar incluso con métodos cada vez más represivos.
Con este contexto era complicado pensar que no surgieran grupos "disidentes". Algunos con la voluntad inequívoca de destruir y otros, como se señala en el artículo, con ganas de retornar a los orígenes más sociales y menos burocráticos de Podemos.
Entiendo que puede ser una buena forma de presionar a la cúpula y que, al menos, escuchen lo que sus bases le están diciendo sobre el sistema de primarias. 
De cara a las elecciones y con los nombres que hay ahora no cabría posibilidad en este momento de aspirar a nada con dicha plataforma.

Pablo Iglesias y su consejo están convirtiendo Podemos en una maquinaria alejada de las bases en la creencia de que, de esa forma, se multiplicarían las posibilidades de ganar. En mi opinión, es una concepción totalmente equivocada. Donde Podemos más puede triunfar es llenando ese espacio de Democracia Radical, real y directa. Estoy de acuerdo en que el eje izquierda-derecha no es la solución; la solución está en otro modelo de partido que vaya más allá y se plantee la participación como un principio irrenunciable.

Como señala Alba Rico, la senda que todos seguimos ahora mismo nos lleva a la derrota inevitable ante las fuerzas financieras que gobiernan el país y que dirigen al PP y al PSOE. 
Podemos todavía tiene tiempo de replantearse su estrategia y decidir si quiere ser fuerza de gobierno o fuerza bisagra para el PSOE. Tiempo hay, pero el reloj no para y cada día que pasa avanzamos más hacia la segunda opción. Ojalá me equivoqué.

lunes, 2 de febrero de 2015

31E: LA MARCHA DEL CAMBIO


El pasado sábado 31 de enero unas doscientas mil personas acudieron a Madrid desde todos los rincones de España para secundar la manifestación de Podemos en la que se pretendía simbolizar el cambio que viene en un año en el que viviremos cuatro procesos electorales (municipales y autonómicas; Andalucía; Cataluña y nacionales).

Se trataba de una marcha en la que el principal objetivo era mostrar el poder de convocatoria del partido; no había reclamaciones. Fue toda una demostración de fuerza. Al margen de que el objetivo pueda ser muy cuestionable, lo que no es cuestionable es el éxito que supuso esta marcha y la ilusión que despierta Podemos como motor de cambio sigue bastante intacta a pesar de los cambios en el partido y de las últimas informaciones que cuestionan a algunos de sus líderes.



La marcha fue de unos dos kilómetros. Se salía de Cibeles y la meta estaba en la Puerta del Sol donde se habilitó un escenario para que varios miembros de Podemos dieran un discurso que caló muy hondo en los asistentes. Pablo Iglesias quiso adoptar un tono en su discurso que buscaba rememorar los discursos de Martin Luther King.



La marcha fue una fiesta y un baño de masas para los líderes de la formación.
Unos trescientos autobuses salieron de todos los rincones de España para abarrotar el recorrido de la marcha.

En los días previos, desde el Partido Popular, se había comparado está marcha con la Marcha sobre Roma que protagonizaron los fascistas italianos en octubre de 1922 y que marcó el fin del sistema democrático en Italia.

De nuevo la derecha española se empecina en demonizar todo lo que no les representa. Siempre hacen la comparación con el Fascismo. Esto es para estudiarlo. Puede tratarse de una forma de desmarcarse de ese fascismo que no les queda demasiado lejos en algunos aspectos. En mi opinión, esto representa lo contrario. Sienten que las ideas fascistas envuelven a veces su piel y tienen la necesidad de escupirlas hacia su rival político.

Pero en cualquier caso, no consiguen más que el efecto contrario al buscado y solo consiguen que más gente acuda a estos actos.



Podemos afronta un año tremendamente exigente con esos cuatro procesos electorales. Han demostrado dominar la calle con una manifestación sin reclamaciones y con un eslogan muy viejo.
Ahora llega el momento de conquistar las urnas, de demostrar que sus propuestas son factibles y que no tienen nada que ver con esa casta que tanto se denuncia.